

El ombligo es eso que todos tenemos en el abdomen, de forma semi redondeada; es una simple cicatriz que, según la mayoría de la gente, sólo actúa como reservorio de las "pelotillas" de fibras de nuestra ropa interior, aunque también se ha llegado a desarrollar toda una teoría pseudocientífica sobre la "morfopsicología del ombligo".
Desde
el punto de vista médico en la actualidad el ombligo es utilizado como vía de
acceso en la realización de laparoscopias y poco más, mientras que el cordón
umbilical interesará sobre todo por su longitud, ya que si es demasiado corto o
demasiado largo podría ser origen de algunas complicaciones tocológicas. Por
otra parte, tras el parto es conveniente revisar el cordón por dos motivos: por
él circulan 2 arterias y 1 vena, y si una de las arterias faltara o fuera muy
rudimentaria, podría ser indicación de la existencia de alguna anomalía
fetal; mientras que la existencia de nudos en el trayecto del cordón podría
ser señal de una hipoxia fetal.
Por otro lado, la técnica de la fetoscopia permite la extracción de sangre del
cordón umbilical para realizar analíticas fetales. También se ha establecido
el concepto de que el embrión es un repositorio de células-madre y de tejidos
de gran potencial biológico, siendo útiles en la terapéutica de ciertos casos
de leucemia mediante la reposición de células sanguíneas obtenidas del cordón
umbilical (planteamiento que se intenta desarrollar creando un "banco de
cordones umbilicales" para un posible uso futuro).
Desde el punto de vista antropológico y popular el ombligo y, especialmente, el cordón umbilical, han tenido históricamente una gran importancia médica y social para muchos pueblos.

Códice
Nuttall. Dos representaciones pictóricas mixtecas de
la madre unida al recién nacido mediante el cordón umbilical.
EL OMBLIGO
A los cinco o seis días de vida del recién nacido se marchita el cordón umbilical y se desprende, dejando en su punto de inserción una pequeña cicatriz que constituye el ombligo propiamente dicho. Lo más importante es prevenir la infección y vigilar la aparición de hernias umbilicales. El modo de formarse esta cicatriz dio lugar en otros tiempos a tremendas controversias para saber si era racional representar con ombligo a Adán y Eva.
Hoy al ombligo se le da una función puramente estética y se decora con artilugios metálicos (el terrible piercing), sirve como escusa para escribir libros (El ombligo del mundo de Ramón Pérez de Ayala, o Todos los ombligos son redondos de Alvaro de Laiglesia, por ejemplo), e incluso hay quien lo considera como un importante rasgo diferencial entre los seres humanos y los seres extraterrestres (¿?)...
En la Edad Media también se cuidaba su valor estético; a los niños pequeños se les envolvía como una momia mientras se les colocaba una bola de plomo en la cicatriz del cordón umbilical para conseguir un hermoso y profundo ombligo, método que nuestras abuelas e incluso nuestras madres han seguido hasta la actualidad, aunque utilizando bolitas de algodón o lana en vez de plomo. También se le consideró como sede de la lujuria en la mujer (en la actualidad vuelve a ser centro de atracción erótica, aunque esta idea sugiere más una fantasía masculina que un hecho fisiológico).
Otros conceptos sobre la función umbilical son más curiosos. Como ejemplo tendríamos a los unmatjera, una tribu aborigen australiana, que pensaban que los llamados muris o "gérmenes de los niños" se escondían tras las rocas o los árboles esperando entrar en las mujeres por el ombligo para embarazarlas, sin relacionar realmente el orificio de dar a luz con el de la concepción.
Desde un punto de vista terapéutico el ombligo tiene menos importancia que el cordón umbilical, aunque en España, especialmente en zonas de Ciudad Real, era un objetivo básico del tratamiento de la esterilidad ya que se aplicaban parches en el ombligo de la mujer estéril mientras que a la vez orientaban los pies de su cama hacia el norte geográfico.
EL CORDON UMBILICAL
El cordón umbilical tiene más valor en el tema que nos ocupa, aunque debemos aclarar que cuando hablamos de él nos referimos, las más de las veces, al pequeño muñón de unos 3 a 7 centímetros que se deja unido al niño, y que se secará y caerá en los días siguientes al nacimiento; el resto del cordón queda unido a la placenta y se tratará normalmente como una unidad junto con ella.

Jeroglifo de Xicco, antiguo centro ceremonial considerado como antepasado de Me-Xicco, que representa la placenta y el cordón umbilical. Se ha interpretado como la Tierra "ombligo del mundo" o el ombligo como "centro del universo".
La
onfalomancia o arte de adivinar el futuro del recién nacido por los nudos,
vueltas del cordón y otros caracteres fantásticos del mismo, ha llegado a ser
considerada como una especialidad paralela de las parteras durante milenios. En
la Grecia antigua las comadronas ya predecían el número de hijos que se tendrían
posteriormente en base al número de nudos o, mejor dicho, de falsos nudos o
botones carnosos que presentaba el cordón umbilical del primogénito recién
nacido. Para las comadronas japonesas tenía mucha importancia la forma de
secarse el cordón ya que si éste se volvía oscuro y manchado predecía una
muerte prematura, mientras que si se mantenía limpio y uniforme de color era
auspicio de larga vida. En la comunidad skékely de Transilvania se practicaba
una técnica especial: mojaban el cordón recién cortado en el agua y miraban
en su trasparencia como si fuera una bola de cristal para atisbar lo que le
reservaba el futuro al recién nacido.
Todavía es posible encontrar parteras onfalománticas entre ciertos poblados
indígenas mexicanos. Quizá su mayor especialidad es la predicción de los
partos futuros tal y como hacían las comadronas griegas en base al número de
nudos que presenta el cordón, pero además, sabiendo interpretar la distancia a
la que se encuentran los nudos pueden predecir la cadencia con la cual vendrán
al mundo e incluso, si el nudo es muy pequeño, un aborto futuro, o si dos de
estos botones se encuentran muy próximos entre sí y casi fusionados, el
nacimiento de gemelos (curiosamente esta última es una predicción que puede
modificarse, ya que si la madre no desea gemelos debe destruir los botones).
Otro vaticinio se realiza al pinchar los botones con una espina de magüey,
planta carnosa propia de las tierras áridas, de forma que si la sangre que sale
es roja indicará que el niño tendrá una vida sana y, además, por la forma de
brotar esta sangre, las mujeres muy entrenadas pueden realizar toda una serie de
complejas predicciones para el pequeño.
El corte del cordón es el primer acto que se realiza con el fin de separar al niño de la placenta y romper la unión de dependencia con la madre. Posiblemente el método de corte más antiguo sea el realizado con la uña, especialmente por parte de las mujeres que paren solas, aunque también se han practicado procedimientos más primitivos y toscos como los de ciertas tribus australianas, ya que los pitjantjarras desgarraban el cordón tirando de él mientras que los wailbri cortaban el cordón machacándolo entre dos piedras. Diversos utensilios han sido utilizados con este fin: piedras con cantos afilados, cortezas de árboles, conchas marinas, fragmentos de vasijas de barro cocido, palos de madera dura y aguzada, aperos de labranza, cuchillos metálicos o simples tijeras, cualquier objeto cortante será válido para cortar el cordón y, en caso de necesidad y a falta de todo instrumento, servirán los dientes de la madre o de la partera para cortarlo.
Las
parteras javanesas ya pronosticaban el futuro del recién nacido nada más
cortar el cordón, pues si éste era recio y duro y resultaba difícil cortarlo,
vaticinaba que el pequeño sería fuerte y valeroso. Con el método de corte
también se ha intentado asegurar en ocasiones el futuro de los hijos; en
Madeling, en la costa occidental de Sumatra, las comadronas acostumbran a cortar
el cordón umbilical con un pedazo de flauta de bambú, que previamente han
estado tocando, para que la criatura tenga una bonita voz. En áreas de México
se pensaba que cortar el cordón con un objeto metálico haría daño al niño,
pues el metal es un objeto frío y le afectaría; los indios tarahumaras de
Sierra Madre tampoco utilizan objetos metálicos, como son los cuchillos, para
realizar el corte del cordón pues piensan que el niño se haría un asesino y,
además, nunca podría ser curandero; más curiosa es la creencia de los
huicholes, que piensan que de hacerlo así el niño tendría propensión a
romperlo todo y a estropear rápidamente los vestidos. En ciertas comarcas de
Suecia era frecuente encontrar dos instrumentos diferentes para cortar el cordón
dependiendo del sexo de la criatura: si era varón lo hacían con un cuchillo
para que de mayor fuera diestro en su uso, mientras que si era hembra lo hacían
con unas tijeras por una razón similar.

El feto unido mediante el cordón umbilical a la placenta según Andrea Vesalio, en su Humanis Corporis Fabrica.
El muñón umbilical es importante que no sangre tras el corte y que se quede bien seco. Una práctica frecuente es cauterizar el extremo con carbones, cenizas o cera caliente de vela, realizándose incluso con el extremo candente de cigarros de tabaco; posteriormente se cubre con una hoja vegetal o con arena y cenizas para que se seque rápidamente. Si el cordón se liga es general la creencia de que el hilo más adecuado es el negro, pues es un color considerado caliente, mientras que el blanco es del color de la nieve y por extensión del frío, lo cual acarrearía daños a la criatura.
También
el tamaño del muñón umbilical resultante tras el corte ha sido implicado en
el futuro del recién nacido. En algunas regiones de España, especialmente por
la zona de Toledo, tras el nacimiento de la criatura se procedía inmediatamente
a la sección del cordón umbilical con unas tijeras, que posteriormente se
guardaban debajo de la almohada de la madre para evitar los entuertos o
contracciones uterinas dolorosas que se producen después del alumbramiento,
dejando el muñón más largo en los niños para que tuvieran un buen talle y
buena voz, y más corto en las niñas para fueran esbeltas y sin barriga; en
zonas de Lugo, procuraban dejar el cordón más largo en las niñas para que
fuera menor la cicatriz y no padecieran de hernia umbilical cuando fueran
mujeres y dieran a luz.
En algunas zonas de México y de Francia consideraban que era preciso que el
cordón umbilical de los niños se cortara largo, ya que su longitud
correspondería simbólicamente con las dimensiones del órgano sexual; de forma
similar ciertos pueblos somalíes todavía dejan más largo el cordón umbilical
en los niños con el fin de que posean una gran verga, al contrario que en las
niñas a las que se lo dejan corto.
Un poco de Historia... y un poco de Medicina...
El cordón umbilical seco se desprende del pequeño, y a partir de ese momento se considera como un potente objeto mágico que, tratado de forma especial, es capaz de favorecer una serie de cualidades físicas en el pequeño. Diversos pueblos mexicanos llevan el cordón umbilical a lo más alto del monte o a lo más profundo del bosque para que el niño no tenga miedo y se haga valiente y esforzado; otros rociaban el cordón de los niños con mezcal, licor de alta graduación alcohólica, con el fin de establecer un lazo mágico entre ellos ya que se le atribuye al licor unas propiedades masculinas, mientras que los de las niñas se untaban con miel para que de mayores fueran mujeres de exquisita dulzura.
También ha servido para
orientar el futuro profesional del recién nacido, existiendo en todo el mundo
muchos ejemplos de este uso particular. Si el cordón era de varón las parteras
aztecas se lo entregaban a los soldados para que lo llevaran y lo enterraran en
el campo de batalla y así el niño sería aficionado a la lucha y un buen
guerrero, y si era de hembra lo enterraban en el hogar para que la mujer se
acostumbrara a estar en casa y hacer las cosas que eran menester para comer.
Entre los indios cherokees de América el cordón umbilical de una niña se
enterraba debajo de un metate o placa para moler el maíz con objeto de que
cuando creciera llegara a ser una buena panadera, pero si era de niño se
llevaba al bosque y se colgaba de un árbol para que fuera un buen cazador. En
alguna tribu angoleña todavía se corta el cordón umbilical de los niños con
un azadón cuando quieren que sea hábil con los cultivos. En la pequeña isla
de Mabuiag, al norte del continente australiano, el cordón se coloca junto al
arpón que su padre utiliza para la caza del dudongo, lo que favorecerá que de
mayor sea un arponero tan hábil como su progenitor. Diversas tribus de
Australia occidental creen que un hombre nadará bien o mal, aptitud que
consideran muy importante en la vida, dependiendo de que su madre haya arrojado
su cordón umbilical al agua o no.
En Europa nos encontramos con prácticas similares, como era el antiguo ritual
practicado en la Babiera renana en el que se envolvía el cordón umbilical
durante cierto tiempo en un trozo de lino viejo y después se cortaba o pinchaba
en trocitos según fuera de niño o de niña, a fin de que cuando crecieran
fueran hábiles artesanos o buenas costureras.
En España el interés en el futuro se orientaba más a la obtención de ciertos deseos personales más que profesionales, y la madre guardaba el cordón del niño hasta que fuera soldado, pues si lo llevaba dentro de una bolsita colgado del cuello o bien cosido a la ropa, obtendría un buen número en el sorteo de las quintas para el servicio militar, y en caso de ir a la guerra no moriría en ella; si pertenecía a una niña se guardaba para cuando fuera mujer, pues si se reducía a polvo el cordón desecado y se mezclaba con un alimento o una bebida, dándoselo a tomar al hombre deseado, éste se enamoraría de ella.
En otras ocasiones el cordón umbilical no actuaba como un simple elemento favorecedor de unas determinadas características físicas o cualidades útiles en la vida, sino que actuaba como amuleto o guardián mágico de su dueño. Es una práctica bastante extendida colocar el cordón umbilical junto al niño para que actúe como un ángel de la guarda: puede estar colgado de una pared o viga de la habitación del pequeño, anudado junto a la cabecera de la cuna o, incluso, escondido en el interior de la almohada.
Muchos de los pueblos indios que poblaban las praderas norteamericanas realizaban el corte del cordón a unos tres dedos del ombligo y guardaban el resto en una bolsita de cuero que primero guardaban en la cuna y que posteriormente la llevaba el hijo colgada por la espalda para que le protegiera de las enfermedades a lo largo de su vida. En ciertas tribus de Australia central es la madre la que lleva colgado en su cuello el cordón del hijo y piensan que si lo pierden el pequeño enfermará gravemente; otras tribus de la misma región, los aranda y los kaitish, lo cuelgan del cuello de los pequeños en la creencia de que así crecerán más alegres y sanos. La creencia en su poder mágico está muy arraigada en las pequeñas islas existentes entre Célebes y Nueva Guinea: en Seram llevan el trozo de cordón oculto en un collar para evitar las enfermedades, mientras que el las islas Leti y Moa próximas a Timor, lo usan como protector en la guerra o en los viajes arriesgados.
En Europa a finales del
siglo pasado, en Alemania y más concretamente en Berlín, la comadrona solía
entregárselo al padre recomendándole que lo guardara con sumo cuidado, pues
durante tanto tiempo como lo tuviera así guardado, el niño viviría feliz y
estaría libre de enfermedades; en las proximidades de Nuremberg y para que el
niño caminara ligero, colocaban el muñón umbilical bajo su almohada junto con
una cabeza de liebre, aunque también era habitual que lo guardaran hasta que el
niño tenía la edad de seis años, momento en el que la madre lo desmenuzaba y
lo mezclaba con huevo batido hasta hacer una tortilla que se le daba el niño
para comer, pensando que este alimento le despertaría la inteligencia; en
Hessen lo cosían a los trajes para que sirviera de protección contra golpes y
armas de fuego; en Oldenburg pensaban que el niño aprendería a leer más fácilmente
si le enseñaban la letra A del abecedario a través de un tubito hecho con el
cordón umbilical desecado.
Los campesinos franceses de las zonas de Beauce y Perche se cuidaban de no
arrojarlo al agua o al fuego por miedo a que por una mágica asociación el niño
muriera ahogado o abrasado por las llamas.
Los auspicios de buena suerte que rodeaban al bautizado hacían que en ocasiones
los familiares forzaran a la providencia: en la ciudad de Königsberg,
actualmente Kaliningrado, cuna del filósofo Immanuel Kant, cuando llevaban al
recién nacido a la pila bautismal le daban un poco de sal, dinero y su ombligo
seco, por su valor como amuleto.
Al cordón umbilical también se le han dado otras funciones, como sería en Nueva Guinea el de servir como amuleto defensor del territorio cuando se le enterraba bajo un árbol, ya defendiendo mágicamente una propiedad particular o incluso todo el territorio de la tribu si se utilizaban para ello el ombligo del rey. También ha actuado como mensajero entre diversos pueblos para anunciar el natalicio: así lo hacen algunas tribus australianas que lo entrelazan con cabellos o tiras de piel de animales y lo envían a sus vecinos o familiares alejados para anunciarles el feliz acontecimiento, notificación a la que éstos responderán enviando regalos y presentes al pequeño que le sirvan de ayuda futura en la lucha por la vida. Otros pueblos lo utilizan como símbolo de identidad familiar, por ésta razón los pueblos mayas del interior de Yucatán envuelven el ombligo en una manta y lo arrojan sobre el tejado de la casa con el fin de identificar al niño con la casa paterna. También ha sido utilizado para establecer una relación mágica con los animales: en la isla de Saibai, entre Australia y Nueva Guinea, cuando el muchacho está cerca de la pubertad le dan de comer el cordón a un cerdo, que una vez halla engordado se matará y comerá en un festín mágico que auspiciará un futuro bien alimentado al joven; en España estaba bastante extendida la creencia de que si un animal devoraba el ombligo, el niño adquiriría las costumbres del animal que lo hubiera ingerido, lo cual llevaba a dobles planteamientos de evitación o aspiración.
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| Xilografía representando a las brujas durante el aquelarre preparando ungüentos con los cadáveres de recién nacidos, según Guazzo. Compendium Maleficarum, 1626. |
Otros usos del cordón han nacido de la idea del recién nacido como ser puro e inocente, y que se han manifestado básicamente en dos vertientes distintas: la religiosa y la diabólica. En cuanto a la primera, lo cierto es que no es extraño descubrir bolsitas, que contienen en su interior un muñón umbilical, en la proximidad de algún altar y disimuladas entre los clásicos exvotos, actuando como rogativa para la curación del pequeño o con el fin de conseguir la protección celestial, sería por tanto un objeto que, por su pureza, acercaría más al bebé a la divinidad; diversos lugares han llegado a cobrar cierta fama por este uso del cordón umbilical: en la región de mazahua, en México, existe una cueva en la que según cuenta la tradición se apareció Santa Teresa de Avila y donde los vecinos acuden a colocar el ombligo de sus hijos a los pies de la imagen de la santa para obtener su tutela. Muchas costumbres han sufrido una cristianización en este sentido y en diversas zonas de Mesoamérica, donde antes se practicaban determinados ritos onfálicos colgando los cordones de los árboles, hoy en día se realizan prendiéndolos de cruces cristianas ubicadas en montes solitarios.
Por la parte opuesta nos encontraremos con diversas prácticas mágico-religiosas, y muy especialmente en el Sabbat medieval, en las cuales los niños o partes de ellos, ya sean los huesos, la sangre, ciertas vísceras o la grasa, han sido utilizados tanto en actos antropofágicos como en la preparación de fórmulas arcanas; en el Macbeth de Shakespeare las brujas preparan un bebedizo con una serie de ingredientes, a cada cual más desagradable, entre los cuales consta el "dedo de recién nacido estrangulado y arrojado a la charca por una ramera". El muñón umbilical tendría quizá más categoría que muchas otras partes del cuerpo, ya que lo acercaba más a la idea de recién parido y, por tanto, menos contaminado y más puro, siendo también más fácil conseguir este resto que secuestrar a un niño y matarlo; en las celebraciones sabáticas los ombligos infantiles se freían habitualmente en aceite robado de las linternas de las iglesias. El uso del ombligo en la brujería todavía persiste en el estado mexicano de Guanajuato donde existen ciertas recetas mágicas como la "infusión con veintidós ombligos", número mágico obtenido por la suma de los 13 cielos y los 9 infiernos de la antigua mitología mexicana, y que supone una poción infalible para que el marido vuelva con su mujer.
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| El feto dentro del útero en la posición fisiológica, según el gran Leonardo da Vinci. 1502-1503. |
Se ha especulado también
con una acción terapéutica del cordón umbilical. Los incas peruanos ya
conservaban los cordones con el mayor cuidado para dárselos a chupar a las
criaturas cuando enfermaban, pues consideraban que contenía todavía una cierta
parte del alma del pequeño, lo que le daría nueva vitalidad. Los tarascos
mexicanos consideraban el cordón umbilical de los primogénitos como un gran
remedio para muchas enfermedades y por ello la partera se encargaba de
arrancarlo de la placenta y de guardarlo celosamente en la bolsa donde llevaba
el resto de sus medicinas.
En Huitzuco, Guerrero, al sur de la Ciudad de México, se utilizaba una infusión
de ombligo de varón para curar el empacho en los niños. En algunos pueblos de
España se guardaban los cordones umbilicales para, si el niño de mayor
presentaba una incontinencia nocturna de la orina, hacer caldos con ellos pues
estaban considerados como un gran remedio contra la enuresis, además, si los
cordones eran de mellizos, en pueblos andaluces se secaban y se conservaban en
saquitos, pues estaban considerados como un buen remedio para el dolor de
vientre; en zonas de Extremadura los introducían, una vez secos, en agua
durante veinticuatro horas, obteniendo la llamada "agua de tripa",
utilizada para lavar los ojos enfermos de los niños.
En los países del norte de Europa fue un elemento curativo de cierta importancia: en la provincia sueca de Västmanland se ponía el ombligo pulverizado en el pezón de la madre para que el niño no tuviera cólicos, mientras que en otras zonas usaban el agua en la que se había lavado el ombligo para frotar los angiomas de la piel del recién nacido. La utilización del ombligo del recién nacido para eliminar las manchas atribuidas a los antojos de la madre durante el embarazo ha estado muy generalizada en todo el mundo, con este fin en Suiza ya utilizaban el agua en la que se había macerado el cordón junto con algarrobas silvestres. En Finlandia el ombligo se cocía en leche que posteriormente se daba a los niños para curar las heridas y llagas de la boca, aunque una simple infusión del mismo era utilizada en alteraciones dermatológicas del infante como la erisipela o determinados eczemas.
Una receta con el cordón umbilical que tiene una conexión directa con la magia de relación era la utilizada por los indios yaquis de México, ya que la usaban para producir una inmunización mágica al procurar que fuera comido por insectos y alimañas como abejas, tábanos, arañas y escorpiones, para que si en el futuro alguno de estos animales picara al niño nunca resultara una picadura grave ni lo envenenara, quedando todo en un pinchazo de efectos insignificantes.
También ha sido considerado como una buena medicina para la puérpera, y por ello, en el estado de Guanajuato, México, el ombligo del recién nacido se quemaba inmediatamente tras cortarlo para que el humo que desprendiera purificara a la mujer y la librara de los entuertos.
El cordón umbilical ha tenido tanta importancia en la medicina popular que no sólo los recién nacidos o sus madres eran los destinatarios de la bondad de sus efectos, siendo muchas las personas que lo utilizaban en su botiquín particular: entre los chatinos de Oaxaca, México, era utilizado contra la diarrea y el vómito al mezclarlo con cáscara de huevo, tierra de panal y agua estéril; se engarzaba en un anillo de oro o de plata como talismán contra los cólicos entre los suabos del sur de Alemania; en zonas de Suecia era utilizado como medicina general cuando se maceraba con alcohol. Múltiples han sido los usos terapéuticos del cordón: contra la epilepsia, el raquitismo, las hemorragias uterinas, al alcoholismo, las conjuntivitis y todo tipo de inflamaciones oculares, en problemas dermatológicos variados, para curar el hipo...
De interés son los ritos onfálicos anticonceptivos practicados por los mestizos de San Francisco del Rincón, México: para ello se utiliza el cordón del primogénito varón, que tras ser cocido y mezclado con los alimentos por la esposa, se lo dará a escondidas a su marido; la magia reside en la creencia de que si el "doble" del niño vuelve a su padre se cerrará un círculo mágico que impedirá a la esposa una nueva e indeseada gestación; otro método que también tienen, aunque considerado como menos fiable que el anterior, consiste en dar de comer a un perro el ombligo del último hijo nacido. En Chalcatongo, y con el fin de que la familia no aumentara más, se colocaba el ombligo del recién nacido bajo la línea de caída del agua de una gotera.
AL FINAL DEL CORDON...
Para terminar comentaremos que los destinos alternativos y alejados de la medicina que hemos visto se le daban al cordón umbilical quedan hoy en día y casi exclusivamente como una simple curiosidad para los antropólogos, aunque en realidad pueden resultar útiles para comprender el llamado "pacto médico-hechicero" que defiende el doctor José Manuel Reverte Coma en la relación entre dos culturas médicas y populares diferentes, fenómeno que debe predominar en la exportación del saber médico a los pueblos indígenas, dando a conocer las ventajas de la moderna medicina por medio de los brujos, chamanes y curanderos de cada tribu, valorando a su vez la medicina aborigen con el fin de crear una medicina mixta donde el terapeuta primitivo y moderno no rivalicen, sino que compartan y aprendan técnicas que beneficien a ambos.
El caso que vamos a relatar como ejemplo de esta situación sucedió entre los años 1945 y 1958 en Xochimilco, México, cuando a petición de los habitantes del pueblo se construyó un centro materno-infantil. El centro disponía de todos los adelantos médicos disponibles en esa época y un personal altamente cualificado, pero fue llamativo que pasadas unas cuantas semanas desde su apertura las embarazadas dejaron de acudir para dar a luz. Como el problema no estaba en una disminución de los nacimientos en la comarca, se abrió una sutil e inteligente investigación en busca de las causas; la encuesta demostró que el problema estaba en los ombligos de los recién nacidos, pues el hospital, con gran criterio higiénico, los incineraba en vez de conservarlos o enterrarlos según la tradición milenaria de la región, lo que provocaba angustias y sufrimientos a las madres acerca del destino de sus hijos. La solución, que se tomó con buen criterio, fue muy sencilla: se permitió la entrada al hospital a las parteras y comadres para que se hicieran cargo del cordón de los niños tras el parto y cumplieran con sus ritos ancestrales. Gracias a esto el centro materno-infantil de Xochimilco consiguió ser, en los años ochenta, uno de los de mayor fama y más concurridos de todo el valle de México.
Dr. Lorenzo Terrasa Nicolau
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